“El rol del curador se subsume en una cultura patriarcal”. Conversación con Soledad Novoa a propósito de New Maternalisms Chile.

por Equipo editorial

“El rol del curador se subsume en una cultura patriarcal”. Conversación con Soledad Novoa a propósito de New Maternalisms Chile.

Por: Catherina Campillay, Sergio Soto Maulén y Catalina Urtubia

Candy Girl 1

 Señorita Ugarte, “Nunca decimos nada”.
 
 
New Maternalisms es una exposición organizada y curada por la académica feminista canadiense Nathalie Loveless. En una primera instancia, fue expuesta en el Mercer Union Gallery en Toronto, y estuvo centrada principalmente en obras que recurrían a la performance (o a registros de performances) para exponer una reflexión en torno a la maternidad a través del cuerpo. En dicha exposición, participó Alejandra Herrera, artista y performer chilena residente en New York, quien le propuso a Loveless expandir la exposición y traerla a Chile, incluyendo artistas locales y a Soledad Novoa como segunda curadora. El proyecto New Maternalisms Chile: Maternidades y nuevos feminismos ha sido financiado a través del FONDART junto con auspicios privados y contará con una exposición en el MAC Parque Forestal, sumado a varias actividades paralelas: dos jornadas de performance, un simposio en el MNBA y una lectura de obra con la artista finlandesa Leena Kela.
 

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Sergio Soto: Queríamos comenzar por hacer un paralelo entre la exposición canadiense y la local, específicamente en torno a cómo se aborda la curatoría.

Soledad Novoa: Bueno, ahí hay un giro que yo hago respecto a la exposición original, que era fundamentalmente basada en performance, porque lo que le interesa mucho a Nathalie es de qué manera el cuerpo se ve afectado por la maternidad y la performance es un buen soporte para analizarlo, pero no es el único sin duda. Entonces, cuando me invitaron, planteé que iba a hacer un giro y que no iba a trabajar únicamente con artistas de performance. Sin embargo, considero que las artistas que escogí desarrollan de igual manera un trabajo performático, ya sea en su gestación o su desarrollo. Y esto se traspasa también a la curatoría, donde hubo una selección que me parecía interesante, ya que por fin en la vida una puede decir que la condición para participar en la muestra es ser madre, ya sea como artista o como curadora, cuestión que normalmente es todo lo contrario.

S.S.: Ahora, entendiendo las diferencias entre el contexto canadiense y chileno; considerando que en Canadá existe ley de aborto, de matrimonio igualitario, de identidad de género, etcétera versus Chile, donde estamos actualmente en una discusión sobre el proyecto de ley de aborto terapéutico, que ha generado muchas oposiciones… ¿Cómo se plantea la curatoría a partir de estas diferencias contextuales, cómo se adecúa la propuesta?

S.N.: Yo creo que más que adecuarse, lo que buscan tanto las campañas pro aborto, la discusión sobre el aborto terapeútico, o una exposición como esta, es abrir un abanico de alternativas para discutir sobre la posibilidad de decidir que debe recaer sobre las mujeres. Soy una convencida de que lo personal es político o deviene político, y una finalmente termina hablando de una. Yo soy madre fruto de tres fertilizaciones in vitro, y el Estado no me financió absolutamente nada, mi isapre tampoco. Di todos esos pasos porque quería definitivamente tener hijos y ser madre, pero respeto plenamente a las mujeres que no lo quieren, también hasta hace no tantos años estaba optando por no ser madre o estar muy en la duda. Pero luego, tenemos una sociedad que insiste que la familia es el pilar de su existencia y que, por lo tanto, hay que tener hijos, pero resulta que no hay ningún apoyo ni colaboración a las madres. Eso hablábamos ayer con Ángela Ramírez (artista participante de la exposición New Maternalisms), somos las mujeres las que estamos llevando la carga, seguimos llevando la carga, tanto la maternidad, como de querer desarrollar una carrera profesional, y de ser sujetas activas en la sociedad, sin ningún respaldo real de la sociedad constituida como Estado. Por lo tanto, creo que esta exposición y también las obras que seleccioné apuntan en esa dirección, en evidenciar que hay un campo simbólico que está súper normado desde lo patriarcal, que es heteronormal por lo demás, y que hay una realidad que tampoco se condice con esa normativa. Lo vemos en el campo profesional, hay una estadística que actualmente es más o menos igual en todas partes del mundo que dice que el 70% del cuerpo estudiantil en las universidades, particularmente en el campo de las artes, son mujeres, y el 30% hombres; pero después de la titulación, el 70% del campo activo son hombres y el 30%, con suerte, son mujeres. Y ese 30% hasta que cumplen 30 años aproximadamente, o hasta que se casan. Por eso saco a relucir las conversaciones con Ángela Ramírez, porque eso es lo que precisamente está trabajando en su obra.

Catalina Urtubia: También es interesante pensar que esa estadística que muestra que en algún momento desaparecen todas esas mujeres del circuito, se relaciona directamente con el hecho de ser madres, lo que deviene en que la maternidad desvincula a la mujer de la vida laboral. Por eso es interesante hablar de “nuevas maternidades”, porque finalmente entendemos que siempre recurrimos a cierto tipo de maternidad, o nos intentan convencer de que aquella maternidad es “la correcta”, pero que es a su vez, es la misma que no permite que la mujer se desarrolle laboralmente.

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Alejandra Herrera, “Challenge”, 2012.

S.N.: Claro, en el fondo la idea de “nuevas maternidades” es cómo subvertimos  este modelo, pero también a qué costo, porque el costo es muy alto. Y claro, somos porfiadas, y estamos ahí, pero insisto, hay un costo que los artistas no deben pagar y a veces ni siquiera se enteran que existe. Cuando una instala este tipo de temáticas, además, en una sociedad prejuiciosa y machista como esta, te arriesgas a una serie de comentarios que tienden nuevamente a subalternizar la discusión, a subalternizar el cuerpo femenino, o a cosificarlo. Entonces ahí vienen los “pero si este ya no es un tema de discusión, el feminismo pasó hace tanto tiempo, eso es como de los años 70”, pero a veces una se da cuenta que de los años 70 al 2014 todavía hay cosas que no han avanzado absolutamente nada. Nuestras madres, nuestras abuelas feministas que dieron la pelea, en lo material y en lo concreto, en las condiciones de producción -como dice Linda Nochlin- parece que esa lucha no se está viendo reflejada. Entonces, en ese sentido me parece que es bueno instalar nuevamente la discusión, visibilizar estas cuestiones, y por eso me parece pertinente la pregunta, visibilizar el problema bajo la lógica de que se está discutiendo una ley de aborto, de que hay grupos pro aborto y que, al mismo tiempo, se sigue hablando de la familia como pilar de la sociedad. Entonces, insisto, lo que busca la exposición, o por lo menos por lo que yo me embarqué en ella, es hacer visible todas estas cuestiones desde una realidad contundente, absolutamente contundente.

S.S.: Entonces muestra el problema desde todos estos espectros, a diferencia de la versión canadiense que se centraba más en “ejemplos”, ¿o también tiene esa raíz? hablábamos, por ejemplo, que en Canadá se le dio importancia a cómo los cuerpos eran afectados por la maternidad a través de la performance. En ese sentido, ¿esta exposición se presenta como una “propuesta” de maternidades, como visibilización de problemáticas ante la maternidad, o es la maternidad misma el problema?

S.N.: Yo creo que el proyecto problematiza el tema de las maternidades en general. Hay una palabra que ha sido super recurrente y que es súper interesante, que es “resistencia”. Insisto, no es que las mujeres que estamos participando del proyecto estemos arrepentidas de ser madres en lo absoluto, yo creo que todas somos madres dichosas con nuestros hijos. Pero sí nos interesa visibilizar esas condiciones personales y sociales, para así instalar una discusión. Probablemente desde un lugar problemático, y ahí está la idea de “nuevas maternidades” y de los feminismos, cómo ser feminista hoy día, también.

Catherina Campillay: Ahí hay también una cuestión generacional, porque estamos hablando de artistas que vienen hace tiempo trabajando el tema y que en algún momento de su vida tienen que enfrentarse a la maternidad, y deben enfrentarse a estos problemas desde el feminismo. Entonces podríamos preguntarnos cómo eso opera en Chile, donde el debate siempre ha estado centrado en otros problemas.

C.U.: Claro, porque en el fondo es mucho más difícil hablar de una “escena” feminista en Chile que en otros lugares. En países donde la teoría feminista está más afianzada, es mucho más fácil discutir sobre conceptos como las “nuevas maternidades” que acá, donde recién estamos hablando sobre aborto terapéutico y hay una especie de crisis colectiva, y hasta ahí llega el debate. El debate pareciera limitarse a si se puede abortar o no, y bajo qué condiciones, pero no llegamos al punto de pensar problemas fundamentales como la importancia de poner en crisis la construcción social que hay en torno a la mujer y sus “funciones”, y cómo la puesta en crisis de esa concepción afectaría, por ejemplo, el cómo estamos entendiendo la maternidad.

Lenka Clayton: Maternity Leave 2012

Lenka Clayton, “Maternity Leave”, 2012.

S.N.: Si, para darse cuenta ni siquiera hay que recurrir al “debate público”, se ve en el día a día de la calle. Ayer Ángela se había reunido con una investigadora de la UDP que trabaja temas de maternidad y trabajo, y en un momento la Ángela le empieza a hablar de su caso como artista, y esta investigadora le dice “chuta, ni siquiera se me había ocurrido pensar este tema en el caso de las artistas, cómo lo hacen ustedes”. Estamos hablando de una académica con un buen trabajo y conocimientos sobre el problema de la mujer en el mundo laboral, pero además las artistas parecieran quedar fuera del campo laboral, osea, es una doble y triple marginación. No puedo dejar de pensar en este minuto en que estamos, espero, a punto de sacar el Código de buenas prácticas en el sector de las artes visuales, que lo estamos trabajando desde la asociación gremial, y cuando uno le dice a alguien “mira, este código está basado en tres puntos, todos contenidos en la ley: 1. que quienes laboramos en el campo de las artes debemos tener contrato, 2. que debemos recibir honorarios, y 3. que se deben respetar nuestros derechos de autor o autora”. Y pareciera que todo es como obvio, pero resulta que a mí como curadora me han llamado montones de veces para pedirme que haga una curatoría gratis, y no estoy hablando del vecino de la esquina, estoy hablando de instituciones importantes. Y claro, cuando yo pregunto por mis honorarios me miran con cara de “¿perdón, tenemos que pagarte?”, porque el trasfondo que está ahí es “¿pero y a ti no te mantiene tu marido?, ¿esto no es como un hobbie?”. Entonces, se fijan que hay un montón de elementos que están unidos a un prejuicio instalado, relacionado a un modelo, a una construcción de un imaginario patriarcal.

C.C.: Claro, en ese sentido podemos volver al problema de que la exposición se implanta en un debate que tiene otras características que el que había en Canadá, no son las mismas discusiones. Y que al mismo tiempo, instala desde el arte una discusión externa, un debate nuevo.

S.N.: Ahora, yo no sé si en Canadá el debate es tan distinto. Aunque sin duda es una sociedad -voy a usar esta palabra- mucho más “desarrollada” que la nuestra. Pero nos vamos dando cuenta que hay ciertas problemáticas que parecieran ser universales. Ahora, lo que ustedes dicen es muy cierto, estamos aquí en un medio en que esta discusión no se ha dado de esta manera, ni desde el arte, y esa es una cuestión interesante de destacar. Qué va a pasar, no podemos saberlo. Yo me acuerdo que cuando hicimos Handle With Care nos preguntaban “bueno, ¿cómo proyectan esto?”, no tenemos cómo. Sabemos o pretendemos que haya algún tipo de resonancia, y que de esa resonancia haya algún tipo de incidencia, pero eso depende de muchas cuestiones. Depende de que los medios cubran la exposición -y eso no lo asegura nadie- y de que a la gente que vaya a ver la exposición le quede haciendo algún ruido o resonancia -pero eso tampoco es inmediatamente medible-.

C.U.: En ese sentido, también es interesante que el tema de la exposición sea la maternidad, porque por ejemplo en Handle With Care era el problema del género en el campo del arte particularmente, cosa que puede parecer muy lejana para un público “común”. Entonces, por ejemplo, si le hablo de eso a mi mamá, probablemente no le va a interesar; pero en cambio, cuando le hablo de New Maternalisms me dice “ah, me gustaría ir a verla”, simplemente porque ella es mamá. Entonces, también se pone en evidencia que la maternidad no es un problema asociado a un sector político, a un circuito artístico o a cierta ideología; sino que es transversal.

S.N.: Justamente ese es el sentido, y en el título hay un gancho, porque puede sonar también como una exposición super conservadora, anti-abortista, o no sé qué.

C.U.:  Porque la “maternidad” suena así, tiene esa carga simbólica.

S.N.: Claro, porque la gente lo da -valga la redundancia- por dado. La gente no piensa que la maternidad es una opción y una construcción, pero lo es. Yo como sujeto opto por ser o no ser madre y ahí me encuentro con una serie de cuestiones. Les insisto, en mi caso personal, eso implicó tener que haberme sometido a tres fertilizaciones in vitro. Entonces, la gente lo entiende como algo tan natural, como lo que te tocó no más, pero hay que llevar a la gente a que lo piense como una opción; es decir, un posible entre varios. Y ese posible puede ser, por ejemplo, una fertilización in vitro, una adopción, o un embarazo “natural”; pero eso suele no verse. Lo que muestra la exposición es eso, qué pasa cuando hay una opción. Hablábamos con Ángela también (ella estudió en Alemania) sobre la realidad de las artistas alemanas. Ellas tenían claro que si querían llegar a ser artistas tenían que olvidarse de la maternidad. Entonces la Ángela les decía, “pero ese es un precio bastante caro, porque tampoco el arte o dejar de tener hijos te asegura que vas a ser una artista exitosa”. Osea, es una inversión emocional, de tiempo, qué sé yo, pero no sabes en qué va a terminar. Entonces, ¿es eso una opción, de verdad? ¿Un artista varón opta entre la paternidad y la carrera artística? No, no es tema. Esta cuestión la dijeron irónicamente las Guerrilla Girls en los años 80: “las ventajas de ser una mujer artista: poder optar entre la maternidad y la carrera artística”, ¿es realmente un poder optar?

Guerrilla Girls, The Advantages of Being A Woman Artist, 1988. Courtesy of the Guerrilla Girls © Guerrilla Girls. Museum of Contemporary Art - Chicago

Guerrilla Girls, “The Advantages of Being A Woman Artist”, 1988.

C.U.: A partir de eso último, nosotros pensábamos que era interesante el hecho de que en esta propuesta se evidencia una ideología específica en el concepto de “nuevas maternidades”, que es el feminismo (y que, de hecho, es el subtítulo de la exposición).

S.N.: A ver, de partida, esto que has mencionado es un clásico, ¿no? Y que nos pasó en Handle with care y después cuando hice Esto no es una exposición de género. Las artistas que están convocadas no necesariamente se identifican con el feminismo, ni necesariamente se autodeclaran feministas. Estoy hablando de la curatoría chilena. Pero eso para mí no es un problema porque en el fondo también hay un prejuicio que ha afectado al campo artístico y al campo intelectual en general respecto al feminismo. Porque si tú de pronto te declaras feminista, al tiro entras en una categoría como de sospecha y de poco seria, que andas quemando sostenes, que odias a los hombres y toda una serie de cuestiones. Pero yo conozco hombres maravillosos que son feministas y espero que mis hijos también lo sean. Pero ese prejuicio ha afectado también al campo artístico en el sentido de que hay tremendas y tremendos artistas trabajando obras que perfectamente bien pueden ser leídas desde el feminismo o cruzadas con cierto feminismo (porque tampoco hay un feminismo), pero que tienden a eludir ese concepto. Aunque también hay otras artistas que, cuando ha llegado el momento de enfrentarse a ciertos textos o a ciertas conversaciones, han dicho “oh sí, me hace mucho sentido”. Y entonces empieza una suerte de evangelización y la cosa se va difundiendo.

C.C.: También nos preguntábamos, desde la exposición y de este peso político que evidentemente tiene, cómo han pensado la mediación con el público. Es decir, qué importancia tiene la mediación entre las obras expuestas y lo que se espera que el público lea en ellas.

S.N.: Yo debo ser muy sincera, y la verdad es que a mí no me interesa que el público general tenga que leer esto desde el feminismo en particular. Creo que el socavamiento puede ser mucho más sutil y no ser un adoctrinamiento en ese sentido. Porque tendríamos que pasar a la entrada de la sala un dossier de textos para que la gente pueda entrar en el feminismo. No es la idea. Yo pienso que cuando la gente ve ciertas cosas o se enfrenta a ciertas realidades, y que eso es lo que me fascina del arte, no sé si les cambia radicalmente la vida, pero por lo menos algo te hace click en la cabeza. Y yo creo que si una como curadora, o las artistas en tanto tales logran que al menos a alguien algo le haga click en la cabeza, eso ya es un tremendo pago. Por ejemplo, durante el día del simposio, el sábado, va a haber una guardería en el Museo Nacional de Bellas Artes. Osea, eso ya a alguien tiene que por lo menos llamarle la atención, ¿se fijan? Voy a una actividad y tengo un lugar donde dejar a mis hijos o a mis hijas bien, al lado mío. Sin problemas. Hay una artista de la muestra internacional que tiene una obra que se llama “El Camión de Leche”. Es un sistema que cuando una mujer se pone a amamantar a su hijo o a su hija en público y la miran raro, toca un botón y se activa una suerte de alarma y llegan cien mujeres que sacan la pechuga y empiezan a alimentar a sus hijos. Son cosas que nadie está diciendo “esto es feminista”, sino que está mostrando una realidad: esta es la hora en que la guagua come y afortunadamente tengo la mamadera conmigo y puedo darle de comer. ¿Y qué dice la ley del trabajo al respecto? Que las mujeres hasta los dos años de vida de sus hijos o hijas tienen una hora de su jornada laboral para ir a amanatarlos. ¿Cuál es el argumento? De que con eso vamos a fortalecer las defensas del niño o de la niña. Pero nadie habla de que a la madre le duelen las pechugas si no se saca la leche, o de que la necesidad de apego no es solo del hijo hacia la madre, sino que también de la madre hacia el hijo o hija, como que siempre se está haciendo recaer el beneficio en otras y en otros.

Jill Miller, The Milk Truck, 2011 (2)

Jill Miller, “The Milk Truck”, 2012.

C.U.: Y también tiene que ver con esa idea de que casi todos los debates que podemos llamar “de género” en Chile se están solucionando desde la perspectiva de la salud pública. El niño tiene que estar sano, por eso hay que dar horas de lactancia; la mujer se puede morir, por eso hay que legalizar el aborto terapéutico. Casi todas funcionan bajo esa lógica, porque pareciera que es casi imposible instalar el debate desde la perspectiva simple de que hay que defender los derechos de las mujeres en tanto que madres.

S.N.: Exacto, y en ese mismo sentido, yo creo que más que instruir, la exposición busca vehicular una discusión. Porque tampoco puedes obligar a la gente que piense igual que tú. Osea, si a mi alguien viene con argumentos sólidos y me dice mira, ¿sabes qué? Yo, tal cosa por tal razón, es válido, ¿no? Es como cuando la gente dice “yo estoy en contra del aborto”, ok, fantástico que esté en contra del aborto, pero usted no puede tomar la decisión por el resto de la humanidad. En lo personal, por mi historia de vida, probablemente yo nunca hubiese abortado, no lo sé con certeza, pero si tengo un feto inviable, que a partir de los tres o cuatro meses está muerto en mi útero y tengo que esperar hasta los seis o siete meses, no recuerdo qué dice la ley, para que recién pueda ser intervenida, eso es maltrato. Eso ya ni siquiera tiene que ver con los sistemas de salud, eso es una tortura. Entonces lo que debiéramos lograr a mi juicio con una muestra como esta es que la gente discuta, que la gente se pregunte cosas y a la conclusión que llegue, cada quién llegará. Pero el problema que yo veo en este minuto es que no hay una discusión seria. Ahora, otro tema que yo creo que para mí es importante, y que también intenté trabajarlo con la selección de obras y con la discusión que tuve con las artistas,  tiene que ver con lo que voy a llamar en mi texto la “maternidad social”. Es decir, de qué manera la sociedad se hace cargo de estas problemáticas a partir de la legislación, pero también a partir del día a día. Cómo la sociedad va operando maternalmente. Hasta dónde llega la responsabilidad social respecto a esas maternidades y eso es algo que también algunas obras exploran en la exposición.

C.C.: Más que hacer proyecciones ¿cómo podría instalar esta exposición en relación a las que ya se han hecho (vinculadas al problema del género)? ¿se retoman ciertos debates que ya se habían planteado?, ¿se crea algo que en verdad diverge un poco de lo que vemos casi como hitos dentro del circuito institucional en torno al arte de género?

S.N.: Personalmente coincido con lo que ustedes señalaban hace un rato. Pienso que esta exposición debería abrir una arista diferente, justamente por la -voy a ponerlo de esta manera- condicionante temática, que es la condición no solo de mujer, sino que de madre. En este sentido sería interesante que se abriera una nueva arista. Pero es una arista que pienso que si bien no sigue un hilo, digamos, recto o directo de las experiencias anteriores, sí creo que está cruzado por todo lo anterior, o por lo menos por lo que a mí me ha tocado participar.

S.S.: Para finalizar, me surge una pregunta sobre el rol del curador. En este caso, ¿cómo se define? ¿como mediador o articulador? En el sentido de, a qué niveles se apropia de la obra y la dirige. Pensando en lo que usted mencionaba antes, que no necesariamente las artistas se auto declaran feministas, pero que de todas formas se está planteando un discurso en torno al conjunto de las obras que, pese a converger, difieren en ese elemento, por ejemplo.

S.N.: A mi juicio, un curador o una curadora no puede forzar gratuitamente lecturas. Yo creo que la labor curatorial se sustenta con investigación y yo siempre he dicho que, para mí, si hay gente que escribe libros o papers que son producto de su investigación, en mi caso una de las salidas es la curatoría de una exposición. Luego, en este caso, en el trabajo con las artistas hay mucha conversación y en ese sentido yo creo que hay una confianza. Y está en esa confianza también el poder conversar y plantear abiertamente ciertas cosas, y como yo les decía, aunque no todas ellas se definen del feminismo, hay un respeto mutuo en que yo no hago esa exigencia y en que ellas entienden en que yo puedo leer sus obras desde ahí para elaborar un concepto que sustente la selección. En este caso en particular, me ha pasado, y me tiene muy interesada, que hay una artista en específico que es la Ángela Ramirez que todavía no tiene definida su obra. Pero como conozco su proceso de obra, sé que no puedo ponerle un plazo. Pero a qué voy con esto, a que después de todos estos años de conversación, hasta el día de hoy, no sé cómo Ángela va a resolver su obra formalmente, y me parece genial no saberlo, porque eso también me parece que es anti patriarcal, y muchas veces el rol del curador es un rol que se subsume en una cultura muy patriarcal. Cuando hicimos Handle with care, no sé si se acuerdan, en el texto (que no fue un texto curatorial, sino un texto de conversaciones entre la Ana María Saaverdra, Yenniferth Becerra y yo), les decía que a mí me parecía que estábamos haciendo una curatoría débil, en el sentido del pensamiento débil de Vattimo[1] , y siempre me ha parecido que hay un punto interesante en trabajar desde ahí. Cómo trabajo desde esa noción de débil, que no quiere decir ni improvisado, ni mal hecho, ni forzado, ni mañoso. Ese es el ejercicio que yo al menos intento hacer, y luego vamos viendo qué frutos da, cómo se resuelve en una exposición, qué pasa con el público, qué pasa con la gente.

[1] El concepto de pensamiento débil de Gianni Vattimo hace referencia a la necesidad de darle espacios a los discursos “minoritarios”, a aquellos que no concuerdan con los discursos oficiales, y que de alguna forma constituyen el carácter pluralista y multicultural del pensamiento contemporáneo hacia fines del siglo XX.

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New Maternalisms. Maternidad y nuevos feminismos.

Inauguración + Jornada de performances:
Jueves 26 de junio, 19.30 hrs, MAC Parque Forestal
La muestra permanecerá abierta hasta el 31 de agosto.
 
Segunda Jornada de performances
Viernes 27 de junio, 19.30 hrs, MNBA
 
Simposio New Maternalisms
Sábado 28 de junio, de 11.30 a 18hrs, MNBA.
 
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