Me parece sumamente cuestionable alzar lecturas sin leer a los autores de los que se escribe. Leer es la base, el núcleo, la semilla de cualquier intento que deseemos hacer en las letras. Y más aún cuando se trata de filosofía y, específicamente, filosofía del arte. Y con “leer” no me refiero al acto maquinal de seguir la pista a un contenido por entre los surcos de una borrascosa frase que, en conjunto con otros enunciados, alzan el pedregoso contorno de un cerro inescalable. Leer no quiere decir aquí abrir un texto para saber qué dice un autor, identificando sus errores o sus aciertos, la inconsistencia argumentativa o su posible destreza estilística. Todo eso debe ocurrir en la lectura, pero a modo de un chispazo inicial que alumbre por un instante lo que tenemos por leer. Eso es sólo la certeza inicial que, sin embargo, una vez acentados en ella, comienza a derrumbarse con las pisadas que damos para adentrarnos al escrito. Una paradoja sostiene nuestra relación humana con los textos -y, por ende, con la lectura y la escritura-: la soluble certeza de que lo que allí hay -el libro- está por leer y para leer, mas cuando nos fiamos de ello todo se vuelve soluble, y nos sentimos como expulsados, como si el suelo bajo nuestros pies se esfumara y nosotros descendieramos por entre sombras, hacia una cierta incertidumbre respecto de lo que hacemos una vez que hemos comenzado a leer y a escribir. Si ahora vuelven su atención al primer enunciado aquí escrito, seguramente comprenderán que lo que allí decía no era tan simple de comprender. O, al contrario, siendo la obviedad que es, no deja de causar cierto estupor. Y si ahora piensan en Kant como Dioniso, tal como el joven Nietzsche lo pensó, el misterio de la lectura se nos vuelve aún más difícil de asir.
4 Comments at "Kant y Dioniso"
Nicolas, no entiendo realmente lo que quieres decir. Siento que es demasiado poco espacio para lo que quieres plantear, más aún con tu última declamación: “si ahora piensan en Kant como Dioniso, tal como el joven Nietzsche lo pensó, el misterio de la lectura se nos vuelve aún más difícil de asir.” Quería comentar tus planteamientos pero siento que aún no acabas de decir lo que querías. Dale una vuelta más, porfa, al asunto.
Saludos Fraternos
El Buen Negrocosol
Otra cosa, ¿Cuándo Nietzsche pensó a Kant como Dioniso? Me puedes dar la referencia? Pues, si no me equivoco en los escritos de “juventud” de Nietzsche, quiero decir, aquellos que van desde el 73 al 79, antes incluso de “Humano, Demasiado Humano”, nunca menciona algo por el estilo. Aunque es cierto, se me puede haber pasado dicha mención, pero es tan exorbitante lo que dices, que es casi imposible que se te pase algo por el estilo. Dame porfavor la referencia, para despejar mis duda.
Abrazos
Hola,
respecto de “Kant como Dioniso”, se trata de una interpretación elaborada en “el nacimiento de la tragedia” -mucho antes de Humano demasiado humano, estamos en 1871-. Como bien sabrás, Dioniso es un concepto cuya definición no llega a concretarse pues, evidentemente, no se trata -en ese texto- de definir o de demostrar. Dioniso es el nombre mediante el cual Nietzsche nombra aquello que quiere pensar: “lo trágico”. Dentro de la serie de analogías y metáforas que arman una explicación de lo que Nietzsche está pensando allí, aparece el nombre de Kant. ¿Cuál es el lugar de Kant en el nacimiento de la tragedia? Nietzsche dice: el del renacimiento de la tragedia. Curiosa interpretación. A eso hay que añadir, además, el hecho de que Dioniso como Kant es uno de los escasos momentos en que “lo trágico” se expande más allá del arte, mostrando que el interés de Nietzsche va más por el misterio del “pensamiento trágico” que por la tragedia misma. La tragedia es siempre el medio para pensar “lo trágico”, y “lo trágico” es sólo un nombre más para pensar la relación entre existencia y pensamiento humano.
Ahora bien, la mención a Kant como Dioniso, que hago en el fragmento que escribí, no está allí para pensar qué significa eso. Kant como Dioniso es, pienso, una lectura, lectura de Nietzsche a Kant. Esa lectura es curiosa pues Nietzsche no es lo que podríamos llamar un lector de Kant. Y no creo que la lectura de Nietzsche a Kant sea una lectura estricta a sus textos. Es una lectura exorbitante. Si es una lectura extraña, estaríamos tentados a decir que se trata de una “interpretación”. Pero eso no dice nada realmente, porque “interpretación” es otro modo de decir “lectura”. Entonces, con la referencia a “Kant como Dioniso” apunto a una “lectura” peculiar, extraña, exorbitante. Y apunto a ella porque muestra que la lectura es algo problemático de abordar.
Me agradó el primer comentario: “Nicolás, no entiendo realmente lo que quieres decir”. Me agradó porque se trataba de evitar “querer decir” algo. No “quería decir”, porque si hacía eso no se tomaría atención a la lectura, que es el concepto sobre el que ese fragmento trata. Ahora pienso que debo darle una vuelta más, aunque sin añadirle nada, sólo cambiar el orden de los factores. A diferencia de las matemáticas, el orden de los factores sí altera el producto. Los textos son, quizá, como el juego entre los factores de una resta. Aunque alterando el producto volveríamos a la misma pregunta: ¿qué diantres dice ese fragmento? La única ganancia de volver a esa pregunta es, acaso, volver con otros ojos sobre ella.
Tendré que revisar nuevamente el “Nacimiento de la Tragedia”, pues no recuerdo en que lugar Nietzsche nombra a Kant como Dioniso, propiamente tal. Sí lo nombra, de todas maneras, por medio de Schopenhauer y apunta especificamente a la importancia que le da este autor a la voluntad como lo “en sí”. Ahora bien, “lo tragico” como aquello que nombra la relación entre existencia y pensamiento humano es una lectura que necesariamente tiene que someterse al problema del pesimismo de la fortaleza: ¿es posible que los griegos necesitaran del pesimismo como parte fundamental de su fortaleza? En este sentido, es como Nietzsche ve en Schopenhauer un gran pensador del las “criticas” kantianas, pues abre una vertiente abismal en torno a lo que es bueno para la vida, en tanto su fertilidad y vigor, más que para la moral o el mundo de las costumbres: ¿puede el horror, la oscuridad misma, “lo en sí” y su condición destructora per se de la individuación, dar vida fuerte y la más admirable de todas ellas, es decir, la griega? Es justamente esta mirada a lo profundamente “tragico” lo que erije a Apolo como dios de la luz, de lo luminoso, por la necesidad, a la vez, de tender un velo de belleza a este fondo que siempre ha de tener que desgarrarlo. Sin lugar a dudas, Nietzsche celebra en Kant esta apertura de lo “en si” pero justamente transmitida a traves de Schopenhauer que marca el punto central en la voluntad.
De hecho, Nietzsche hace mención de esta voluntad como “lo uno primordial”, dios este que al verse reperesentado en la tragedia, y fundamentalmente en el mito tragico, se libera siempre para volver a sus mismas ataduras, donde se muestra a si mismo con un paño hermoso para volver a rasgarlo en su juego de placer. Y es justamente, de esta forma, puro dolor universal.
Si se quiere: la existencia misma del ser humano sólo es posible gracias a este velo de belleza tendido, que oculta dejando, sin embargo, algo para mostrar, aunque fondeado. Ya casi a finales del capitulo 5 Nietzsche declarará lo crucial en este texto, segun mi lectura: “sólo como fenómeno estético están eternamente justificados la existencia y el mundo” Esto dice relación con la justicia de la existencia y el mundo, pues no vistos como fenomenos estéticos, estos – la existencia y el mundo- no se justifican. No se si se entiende a lo que quiero ir: es sólo en apariencia, como fenomeno, como lo que aparece estéticamente, a los sentidos, que podemos imprimir algun valor a la existencia y al mundo y, por lo mismo, justificarla. Pero en tanto “lo tragico” la existencia y el mundo son sin sentido por absurdos, por ser el juego de un dios que se muestra y oculta en estas piesas, como un niño que juega en la arena y arma y desarma torres, lleno de placer. Es desde acá donde podemos entender otra frase capital de la obra y que cruzará todo el pensamiento “escrito” de Nietzsche: Ver la ciencia bajo la optica del arte y el arte bajo la optica de la vida.
Ahora bien, en relacion a lo que dices: “Como bien sabrás, Dioniso es un concepto cuya definición no llega a concretarse pues, evidentemente, no se trata -en ese texto- de definir o de demostrar. Dioniso es el nombre mediante el cual Nietzsche nombra aquello que quiere pensar: “lo trágico”. Dentro de la serie de analogías y metáforas que arman una explicación de lo que Nietzsche está pensando allí, aparece el nombre de Kant. ¿Cuál es el lugar de Kant en el nacimiento de la tragedia? Nietzsche dice: el del renacimiento de la tragedia.” Primero que nada, Dioniso no es un concepto: no porque no pueda ponerse dentro de un sistema y servir como un vector o variable que se mueve y arroja resultados lógicos. Antes bien Dioniso es parte de una profunda intuición que dice relación más con el ditirambo, la fiesta, la Hybris, la desmesura, entre otros, y que, por lo mismo y en sintonia con la intuición, es un instinto. Dioniso aparece en los instintos, pero no definidos y simetricos como Apolo: son instintos groseros que causan repulsa al orden: un estallido sexual, si se quiere. Por lo mismo, el artista dionisiaco está intoxica y sufre del desborde: padece arrollado por sus instintos y pone en los conceptos una imagen que sólo se abre de sentido a los dicipulos del dios: en el éxtasis.
Por lo mismo, insisto: Kant como Dioniso es casi atribuirle a la individuación la posibilidad de ser en lo discontinuo la continuidad sin estar extasiada: ser el uno. No se si es por orden lógico el asunto pero lo cierto es que es posible que Nietzsche encuentre en Kant una de las condiciones para el renacimiento de la tragedia, pero nunca Kant como Dioniso. Puedo estar equivocado -la memoria es fragil- por lo mismo, cuando quiero decir que necesito que me des la referencia estoy diciendo: numero del apartado o prologo, página y traducción. Disculpa por molestarte tanto con este asunto, pero realmente me asusta el hecho de tu afirmación: pues estoy perdiendo más que la memoria, la afinidad, el tacto, el olor del asunto y eso, para mí, es más que trágico: es enfermo.
Otra cosa: gracias por la aclaración de la fecha del libro: 1871. Estaba pensando en “sobre verdad y mentira en sentido extra moral” que es del 73, aunque publicado postumo. Siempre me confunde esa fecha.
Espero sirva esta discusión para aclara dudas.
Abrazos y suerte
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