Reseña sobre NADA|QUE|VER de Francisca Ramírez

por Equipo editorial

Por Antonia Sierralta N.

La apariencia —cosa que parece y no es corresponde al aspecto de una cosa o de alguien; el aspecto externo en cualquiera de los casos. Esa exterioridad es con lo que en definitiva nos relacionamos, y es de donde sacamos herramientas para entender lo que vemos. Todos sabemos que “las apariencias engañan”, y que prácticamente todas las cosas y personas suelen ser y esconder mucho más de lo que podemos experimentar con nuestros sentidos. Pero usualmente ignoramos este conocimiento. “Nada que ver” expone estos mecanismos —con los que las apariencias nos engañan— de maneras ocultas y también deliberadas.

Detalle “Nada que ver II”. Fotografía: Benjamín Matte

Haciendo un breve recorrido por la exposición, a través de una doble mampara de vidrio, que va desde el cielo hasta el piso de la sala, se presenta del lado izquierdo “Abrigo I”: la mitad de una chaqueta de piel celeste cuelga suspendida en el aire y se sostiene sobre un soporte de aluminio fabricado especialmente para ella. Al lado izquierdo, “Nada que ver II”. Otras tres medias chaquetas —de cuero o piel— acompañadas de sus respectivos accesorios, puestas encima de unos soportes de madera también fabricados para la ocasión. Algunas zonas de las prendas se derraman sobre la madera y el piso, derretidas. Luego de correr la mampara podemos ingresar a la sala, acercarnos y sobretodo percatarnos que claramente no se trata realmente de prendas de vestir, ni aros ni collares, sino de imitaciones hechas de plasticina. Para muchos puede ser claro desde el principio que no son prendas reales, pero supe, por la artista, que gran parte de público tiene problemas para identificar el material y se acercan a comentarle que pensaban que era tal o cual otro. De más queda decir que parte de esto se debe a la impecable técnica que Francisca tiene al momento de realizar sus obras.

En la misma sala donde se encuentran las obras, en la pared del fondo, se encuentra un texto escrito por la artista. Sin querer realizar ni un resumen ni un análisis sobre este —es mejor ir a la exposición y leerlo in situ, acompañado de las obras—, quiero resaltar una de las ideas que ella expone: todos nos aferramos a imágenes que nos proporcionan seguridad en un mundo amenazador e inestable. Las industrias de la televisión, el cine y la publicidad están constantemente produciendo estas imágenes, que nos alejan de las profundidades de sentido de la realidad, simulando otras más superficiales y asibles. Generan experiencias estéticas —apariencias— simples de comprender, con múltiples identidades, mundos y cuerpos imaginarios.

“Abrigo I”. Fotografía: Benjamín Matte.

“Nada que ver” presenta múltiples aspectos en donde se juega esa apariencia relativa de la realidad. No solo en las relaciones que Francisca expone en su texto se presenta la apariencia, sino también en el título, en la materialidad usada, en las formas de exposición, hasta en el propio proceso de creación y producción de los objetos. La obra es en sí una exposición de capas y capas de apariencias, siendo el trabajo de cada uno de los espectadores develarlas y otorgarles el sentido que han perdido en la superficialidad de la realidad. Siendo diversas estas capas y aspectos, quiero destacar cuatro: título, materia, objetos y proceso.

Título

Nada que ver. Como el propio texto elaborado por la artista señala, nada que ver es una expresión con doble significado. Literalmente, significa que no hay nada que ver, que nada se presenta frente a nosotros. Pero también se utiliza de manera coloquial para reflejar la no correspondencia entre las cosas, los lugares, las personas, los dichos, etc. Es una frase común y reiterativa en el lenguaje de todos. El nombre de la muestra se apropia de esta doble función —doble apariencia— de manera consciente y activa; las obras no tienen nada que ver con los objetos a los que aspiran, y por lo mismo, no le ofrecen nada real a la vista, solo una apariencia.

 

Materia

Plasticina. De diferentes colores: amarillo, celeste, turquesa y burdeo. Ubicándose en el límite entre lo estable y lo inestable, como me señaló en una conversación la artista, es muy fácil utilizarla para imitar todo tipo cosas. Los objetos en “Nada que ver II” muestran un cuerpo consistente, se posicionan completamente estables en el espacio. Sin embargo, es tan fácil como tocarlos para que se destruyan y pierdan completamente esas características. En este sentido, el propio material es una apariencia. No solo porque simule ser otros materiales sino porque en realidad la plasticina no tiene ninguna forma, no es nada. Y a la vez puede, debidamente trabajada, llegar a ser todo. Así como puede ser un par de aros o un collar, puede ser una masa dentro de un frasco, es decir el lugar exacto a donde las obras irán a parar después de su exhibición.

 

Objetos

Ropa. A causa de la industria de la moda y también de la publicidad, la ropa ocupa hoy en día un lugar bastante importante en nuestras vidas. Es una herramienta, entre muchas otras, para expresar quienes somos y generar una identidad. Son una apariencia de cómo creemos o queremos ser. Cuando nos paramos frente a una vitrina con maniquíes, en la calle, mentalmente intentamos imaginar cómo nos veríamos con esas prendas, o quizás como se vería otra persona. Imaginamos esas prendas puestas en un sujeto. Gracias a la elección de las prendas como objetos a imitar y su montaje, es muy fácil imaginar al sujeto que podría usarlas. En “Abrigo I” podemos perfectamente imaginar el cuerpo bajo la plasticina celeste. Finalmente, los objetos se presentan no solo como la simulación de las prendas, sino como una apariencia de identidades y sujetos que no existen en ese lugar pero que en cualquier momento podrían llegar y usarlas.

Proceso

Hacer, y volver a hacer. Es claro el laborioso y minucioso trabajo que Francisca realiza en el proceso de creación de los objetos de plasticina. Lo interesante en realidad es que utiliza siempre la misma plasticina. Las obras presentadas en “Nada que ver” corresponden a obras que ya había realizado en el pasado, y ahora las vuelve a presentar. Sin embargo, a causa del material, se presente un problema para guardarla, la verdad es que es imposible poder guardar las obras intactas, al menos en este momento. Pero sin miedo y sin que le importe, Francisca las “achurrasca” cada vez que su período de exhibición se termina. Derrite la plasticina, la vuelve a meter en sus respectivos frascos. Y, cuando tiene que presentar nuevamente, sin mucho esfuerzo —en palabras de la artista— las arma de nuevo, marcando pelo por pelo la piel de “Abrigo I”. Esto presenta también una doble apariencia; la del proceso y el trabajo en sí. Lo que vemos es una dedicación afanosa para nada se pierda y así cada detalle esté cabalmente terminado. Se ve como un trabajo casi interminable, pero en realidad, cuenta ella, no le cuesta nada rehacer los objetos cada vez. Incluso cada vez es más fácil y más rápido. Ese resultado evidentemente complejo, oculta un proceso que en realidad no es tan demoroso, ni conflictivo para la artista.

Detalle “Nada que ver II”. Fotografía: Benjamín Matte

Gracias a este proceso de hacer y rehacer, “Nada que ver” es cada vez una obra nueva. Recuerdo que vi las obras con anterioridad, en otro contexto, y si bien el proyecto era el mismo, los objetos eran distintos. Puede ser la misma plasticina pero las piezas fueron destruidas, guardadas y vueltas a crear. Se podría decir que las obras no son más que una simulación, ya que una vez que la exposición termine, éstas van a dejar de existir, no perdurarán en el tiempo. Fácilmente pueden volver a estar aquí, suponiendo ser algo que no son, mostrando un sujeto inexistente y existente a la vez, y fingiendo una solidez que en realidad no tienen, porque en pocos días desaparecerán. Y con ellas todas sus apariencias, exhibiendo que en realidad no hay nada que ver.

NADA|QUE|VER de Francisca Ramírez se encuentra en exposición hasta el 19 de octubre en Espacio Vilches de la Pontificia Universidad Católica de Chile.