Sobre “En nuestra pequeña región de por acá” de Voluspa Jarpa, en el MALBA

por Equipo editorial

Por Vania Montgomery Y.

Imagen cortesía de www.artes.uc.cl

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La intervención norteamericana en América Latina es un hecho que se arrastra desde hace décadas, remontándose al siglo XIX con políticas como la Doctrina Monroe en 1823, cuando el presidente y sus secuaces se valían de la frase “América para los americanos” en son de justificar su actuar invasivo ante una eventual intromisión europea en el continente. Así, si continuamos de manera cronológica, nos encontraremos con un gran listado de prácticas que pretenden tener un control y dominio sobre los países de la región, con golpes de Estado intencionados y financiados por los gobiernos de Estados Unidos y la CIA durante todo el siglo XX, en su mayoría bajo pretextos de lucha contra el comunismo, o más recientemente, de lucha contra las drogas.

La artista chilena Voluspa Jarpa (1970) examina y se inmiscuye retrospectivamente en los hechos anteriores, con su exposición En nuestra pequeña región de por acá, recientemente concluida en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y curada por Agustín Pérez Rubio. En dicha muestra, Jarpa integra videos, registros sonoros, objetos, pinturas y documentos históricos, todos trabajados desde una gran serie de archivos desclasificados por la CIA, emitidos entre los años 1948 y 1994. Por otra parte, también ahonda en las muertes de figuras emblemáticas durante ese periodo, cuyas circunstancias y detalles –al menos en la oficialidad– aún no han sido bien resueltas.

Imagen cortesía de malba.org.ar

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El ingreso al Museo nos enfrenta casi directamente con la exposición de Voluspa Jarpa, de hecho, hasta se podría establecer un diálogo entre los tres pisos del lugar: el primero (o cero, como le llaman los argentinos) como un enfrentamiento a la historia y los hechos, con un gran número de papeles correspondientes a los archivos desclasificados por la CIA, que se despliegan de techo a piso. El segundo, como una interpretación de la trayectoria a través de la colección del MALBA. El tercero, como una experiencia que en primera instancia podría parecer más ajena y sutil: la exposición retrospectiva Dream Come True de Yoko Ono (Tokio, 1933), pero cuyo contenido integra discusiones actuales, como los conflictos económicos y políticos o la identidad de género, realizando un llamado a la colaboración de mujeres latinoamericanas que alguna vez hayan sufrido daños por razones de género.  

Reanudando con En nuestra pequeña región de por acá, se hace imposible no destacar la profundidad y labor que realiza la artista, con un análisis exhaustivo que no sólo implica la revisión, rescate y clasificación de los documentos, sino que también su activación y traducción al público, facilitando un acceso físico a través de carpetas que los separan por país y los sitúan a disposición de la libre lectura y revisión entre los asistentes. Esta apertura constituye una activación de temas sensibles para muchos latinoamericanos, ya que no sólo se habla de reuniones y códigos estatales norteamericanos, sino de acciones concretas en contra de ciudadanos reconocidos, como por ejemplo, el caso de Orlando Letelier, donde no sólo se trata su asesinato, sino que también se presagia su futura labor como embajador y ministro (previo al golpe de Estado en Chile, durante el gobierno de Salvador Allende) y su cercanía y relación con su núcleo familiar. Así, nos habla de operaciones, pero también de personas y casos individuales presentes en los recuerdos de la época.

Imagen cortesía de malba.org.ar

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Lo anterior se complementa con los rostros de cuarenta y siete líderes políticos pintados sobre bronce (presidentes, ministros, jueces, jefes militares, arzobispos, diputados, senadores) que no pueden no sernos familiares. Dichos retratos, a ratos difuminados, se desmarcan de las creaciones más recurrentes entre los artistas de la generación de los años noventa (a la que Jarpa pertenece), abandonando el color, la pintura de paisajes, los elementos del Neo pop y la temática más cotidiana y elemental. Por el contrario, se exponen las bambalinas que hubo tras un largo y abusivo lapsus continental, por no decir uno de tantos.

Imagen cortesía de malba.org.ar

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Por otro lado, es importante destacar que no estamos ante una artista que vivió su adultez en plena dictadura, sino frente a alguien que nació inmersa en esta y siguió madurando durante la transición. Por lo tanto, la forma de abordar su obra es distinta a la de los primeros, que tuvieron que trabajar marcados por la autocensura. Aquí inversamente, se pone todo sobre la mesa, se presentan nudos que hacen ruido y se destituyen muchos mitos a través de fuentes primarias en mano como respaldo. Al mismo tiempo, el contexto que rodea a los artistas y escritores de la generación de Jarpa durante los años noventa, corresponde a un grupo individual en el que de una u otra manera hay ciertos crímenes y factores naturalizados dentro de lo que fue su crianza infantil, no por eso olvidados y aceptados, pero sí integrados como una gran desventura en la vida cotidiana.

Para perfilar lo anterior, leemos fragmentos que trazan atmósferas como la siguiente:

“Entonces yo estaba y siempre he estado y siempre estaré a favor de Colo-Colo. En cuanto a Pinochet, para mí era un personaje de la televisión que conducía un programa sin horario fijo, y lo odiaba por eso, por las aburridas cadenas nacionales que interrumpían la programación en las mejores partes. Tiempo después lo odié por hijo de puta, por asesino, pero entonces lo odiaba solamente por esos intempestivos shows que mi papá miraba sin decir palabra, sin regalar más gestos que una piteada más intensa al cigarro que llevaba siempre cocido a la boca.” [1]

Los niños se preguntan mucho y es casi imposible que en algún momento algo de todo esto no haya causado ruido interior, con una oficialidad que ya no bastaba para ser explicada, tergiversada u omitida en instancias como las clases de historia, con gobernantes que se auto proclamaban y luego salían en la tele. De cierto modo, entonces, el ejercicio de la artista permite auto responderse a través de la evidencia oficial y al mismo tiempo, dejar una reflexión abierta sobre los hechos. En palabras de la misma autora: ¿Cuándo y cómo se puede cambiar el curso de la historia de un colectivo? ¿Cómo se llevan a cabo estas operaciones? ¿Qué sucede cuando un líder deja su lugar de representación social y hay otro que ocupa su lugar? ¿En qué direcciones se manipuló la historia colectiva de nuestras sociedades?” [2]

Imagen cortesía de malba.org.ar

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Sin duda, En nuestra pequeña región de por acá responde a dichas interrogantes, suponiendo un conjunto de obras fundamentales, que reflejan el minucioso trabajo de rescate y reflexión personal que establece Jarpa, a la vez que se corresponde con hechos a nivel nacional y latinoamericano. Los retratos, documentos, objetos, registros visuales y sonoros subrayan escenarios comunes que nos siguen condicionando hasta el día de hoy y que, por lo tanto, se vuelven muy necesarios de visibilizar, dando pie a la práctica de ejercicios de memoria e historia, sin saltarse un eslabón ‘perdido’, o mejor dicho, omitido dentro del discurso de muchos.

[1] Alejandro Zambra, Formas de volver a casa, Anagrama, Barcelona, 2015. pp. 20-21

[2] Voluspa Jarpa, “Voluspa Jarpa En nuestra pequeña región de por acá” [en línea], malba.org.ar.