Complejo Conejo: re-significación de la performance

por Equipo editorial

por Camilo Rojas y Fernanda Carrasco


 

Complejo Conejo surge como una iniciativa artística-cultural por parte de un grupo de estudiantes del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile. Hasta ahora, han realizado diversas intervenciones cuya intención ha sido experimentar en torno a lo zoomorfo, recuperando ideas del imaginario colectivo y popular, para así lograr una apropiación y una reinterpretación de las imágenes. La figura del conejo responde a la connotación «fantasiosa» que la historia le ha atribuido al animal, por ejemplo en la literatura, el cine y las caricaturas.

 

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Lewis Carroll, Ilustración para Alicia en el País de las Maravillas.

 

Exterminados Como Ratones

Complejo Conejo, Exterminados como Ratones, Conmemoración de las víctimas de la dictadura militar a propósito de los 41 años del Golpe (2014).

 

La movilización estudiantil chilena del año 2011, se vuelve un espacio propicio para el desarrollo y la innovación de la disciplina artística, direccionando y modulando de diferente manera las manifestaciones artísticas de décadas anteriores, por ejemplo, para la Avanzada en el contexto de dictadura. Dos de los ejes fundamentales de la Avanzada eran la irrupción de las prácticas artísticas en el espacio público y las relaciones entre arte y cuerpo, muchas veces tomando la forma de un cuerpo oprimido por la dictadura y cargado de convenciones sexistas. En ese sentido, la corporalidad opera como un mapa exterior en donde se rompe con la subjetividad individual, y lo que se representa, es una estructura ambigua que logra cuestionar y poner en crisis el concepto de identidad. Todo esto, abordado desde perspectivas de género y desde lo marginal, por nombrar algunas.

 

Carlos Leppe-El Perchero-1975

Carlos Leppe, El Perchero, 1975. Colección Pedro Montes.

 

En el contexto de la revolución estudiantil del año 2011, el clima político y social ―represivo, por cierto― se vuelve adecuado para la experimentación formal. Lo que pareciera ser otra propuesta artística que emerge desde el ambiente universitario, encierra un propósito mayor, el cual a pesar de ser uno de los temas más recurrentes por parte de quienes se mueven dentro de este circuito, muy pocas veces los proyectos alcanzan mayor visibilidad. Lo que busca Complejo Conejo (CC) es la construcción de un arte que se propone como público, un arte capaz de apropiarse del espacio común y a partir de este potente acto, re-construir la forma en la que pensamos la contingencia. Por ende, CC intenta ahondar en la búsqueda por la consagración de un arte sin pretensiones, un arte que se construya  a partir de las relaciones culturales y sociales que la obra forja con el espectador. Pero, ¿qué es lo que diferencia esta propuesta artística de tantas otras? La propuesta ya no reproduce el ejercicio de «sacar la academia a las calles», lo que CC nos propone es una puesta en escena que apela a la irrupción en el espacio público y cotidiano, y así desarrollar un proceso de comprensión múltiple entre artista, obra y espectador.

Pareciera ser que cada vez que nos adentramos un poco más hacia el núcleo estructural de esta agrupación, nuestro panorama adquiere una mayor complejidad, lo cual paradójicamente es el resultado de un proceso de cuestionar las formas de hacer arte bajo el alero institucional, particularmente de un proceso de resignificación de la performance.

Si hablamos de un proceso de producción artística que escapa a los lineamientos y metodologías académicas, la paradoja es que se vuelve contradictorio que el soporte elegido para llevar a cabo esta tarea sea precisamente la performance, estudiada y teorizada en los departamentos de formación artística. Asimismo, la performance es quizás uno de los soportes de mayor complejidad, particularmente debido a su origen indisolublemente ligado a la disciplina artística moderna, además de su corte atrevido, y su carácter estrechamente ligado a la acción, a la irrupción, al impacto, a la transformación del entorno. Es precisamente este carácter contingente de la performance lo que le otorga el carácter político a la obra de CC, en donde la contingencia no deviene en la mera reproducción de esta, así, la contingencia no se tematiza. El verdadero acto político es incorporar a este mismo en el lenguaje de la obra, adquirir el ritmo del acontecer y sólo una vez que se adecúa a estos signos, lograr la real transmisión del acontecer en el acto, transformar. Este carácter contingente del soporte logra visibilizar y hacer que la realidad se auto-presente, testimonie su propio acontecer, rompiendo así con el recurso de la tematización de la contingencia.

Este ejercicio pareciere ser algo abstracto, muy alejado de la práctica. Si bien sus inicios apuntan a las movilizaciones estudiantiles del año 2011, el proyecto se sostiene en una suerte de independencia y libertad respecto al ambiente académico; proponen, en ese sentido, un arte que no es estrictamente representativo del acontecer nacional. El contexto que justifica este proyecto es un ánimo anti-reaccionario, como ellos mismos indican: «desde lo inmediato, desde lo lúdico y lo contra-hegemónico». De esta manera, es posible caracterizar el trabajo que han llevado a cabo como un ejercicio provocativo, y capaz de sugerir visualmente, y así, lograr llevar a concreción las ideas que vislumbran producto del proceso creativo.

La performance, abordada en términos contemporáneos, ingresa en un terreno en constante transformación, capaz de atender a diversos criterios. Por ende, se vuelve portadora de ciertas convenciones, y de esta manera, de un lenguaje particular que varía. Este lenguaje subyace a una finalidad u objetivo común al campo disciplinar artístico, de manera que no se encuentra precisamente codificado (este lenguaje, responde de manera ineludible a un circuito o institución arte, y no pasa por fuera de esta categoría de manera naturalizada). En ese sentido, es que cobra relevancia el discurso de esta «nueva forma» de realizar performance. El ejercicio que logran realizar como colectivo es elevar una postura frente al «arte callejero» o a la forma naturalizada de realizar teatro en contextos no hegemónicos/institucionalizados. La operación, por lo tanto, consiste en no sólo evidenciar, en tanto que constatar ciertas normas, conductas o lenguajes que corresponden más bien al ámbito académico. De esta manera, una impresión en común entre los integrantes del colectivo es que esta manera de ejecución de la performance se vuelve una «instancia de conocer el descontento» generado por la contingencia. Un claro referente es una intervención realizada por CC en el año 2014, a propósito de una normativa del metro de Santiago, la cual prohibía el ingreso a pasajeros con maletas o bultos con medidas sobre los 80 cm. de alto y 50 cm. de ancho. Dicha intervención lleva por nombre Las matuteras del Complejo Conejo.

 

 

En el registro, podemos ver como tres de sus integrantes ingresan en los andenes del servicio de metro, cubiertos por los clásicos bolsos «matuteros» para transportar mercadería. Se pasean entre los pasajeros, abordan los vagones, y se enfrentan a las reacciones de la gente, hasta que en un momento, son expulsados por seguridad.  En ese contexto, las matuteras responden a cierta orientación política, según el entendimiento de lo político como la ocupación e intervención de un lugar de uso público, como lo es el sistema de transporte de la ciudad de Santiago. «Las matuteras» podrían, entonces, distar de sus primeras intervenciones, en donde el énfasis era puesto en la movilización estudiantil del 2011. Sin embargo, se mantiene el sentido de los inicios del colectivo, es decir, desenvolverse desde un ánimo lúdico y provocativo.

Durante el año 2015, ocurre un punto de inflexión en cuanto a la trayectoria y experiencia del colectivo, pues obtienen un lugar dentro de la Cuadrienal de Diseño y Espacio Escénico de Praga, capital de la República Checa, en la categoría «Tribu», la cual se realizaría por primera vez en ese año. CC viajó para presentar dos proyectos: TRANSandinos y Proyecto Selk’nam.

TRANSandinos respondía al común de los proyectos de las demás «tribus» participantes de la cuadrienal, debido a que la gran mayoría participaban en una fuerte nota carnavalesca: música, danza y procesiones. Los festivos personajes de CC irrumpieron el espacio mediante la festividad urbana ambulante, en donde destacaban las máscaras y caretas que representan a diversas figuras del carnaval andino. El vestuario era igual de llamativo. De larga data son las disputas respecto al origen de ritmos, danzas y costumbres. A lo que atiende este proyecto es a poner en crisis a los obstáculos culturales, además de poner en jaque el rechazo a los inmigrantes y la xenofobia. El carnaval celebrado por estos TRANSandinos opera, entonces, como una «postura crítica frente al resguardo de la identidad y el terreno conocido». Así, lo discursivo en este caso guarda relación con poner en cuestión ciertos límites y fronteras impuestas desde determinadas ubicaciones geográficas (como Chile, Bolivia y Perú), regidas por cosmovisiones y sistemas políticos y económicos diferentes.

 

 

Proyecto Selk’nam pierde el carácter lúdico y provocativo, representativo del colectivo, y aquello en común con las demás «tribus». Con trajes de arpillera simulan el ropaje utilizado por el pueblo originario Ona, en particular en la realización de la ceremonia del Hain. De esta manera recorrieron libremente el casco histórico de Praga. Es posible que para tal contexto aquella representación sólo haya conseguido alcanzar un primer nivel, no uno del entendimiento, sino que únicamente el de la experiencia visual, debido a que los espectadores no necesariamente reconocían en la representación a la cultura Ona. Sin embargo, en el registro discursivo la obra hacía alusión al exterminio por parte del europeo a la cultura Selk’nam, no de forma explícita, pero presente. Aquella vez, metafóricamente, los Selk’nam caminaron emancipados y con dignidad.

 

 

CC nos acerca a la idea de la subordinación de los elementos y objetos de una cultura jerarquizada bajo una articulación hegemónica, en tanto que forma de desenvolvimiento artístico. La operación aquí reside en que CC nos expone algo que no se auto-representa dentro de los valores culturales establecidos: ese algo pasa a ser filtrado, depurado; re-interpretado bajo la acción performática. Así, el motivo de representación (las matuteras, el carnaval andino y la cultura Ona), al ser leído de determinada manera, entra en un modelo significante que logra determinar su lugar en determinada cultura. Este ejercicio, el de «recibir» una cultura, un modo de vida que no es el propio, se adapta a un margen del pensamiento respecto al Otro, a los otros, y aquí es donde la performance juega un rol fundamental. Esta, al pasar por fuera de los márgenes de la institución y de la academia (como lo es el caso de CC) en el proceso de descontextualización de una determinada cultura (pensemos primordialmente en TRANSandinos y en Proyecto Selk’nam), lo que ocurre no es que se suprima ni su sentido, ni su valor. Así, esto no se vuelve sinónimo de un pasar a pérdida. De esta manera, se logra reforzar la idea de un arte liberado de la institución que fija y establece lineamientos, y que se realiza de forma autorreflexiva ―la pregunta acerca del Otro― por medio de un proceso de re-interpretación que se consuma con la irrupción del tránsito citadino.

 

Complejo Conejo se compone por:

Pedro Gramegna

Director, productor y performer CC

Jhonn Álvarez

Diseñador integral y performer CC

Andrea Bustos 

Diseñadora, realizadora y performer CC

Josefina Cerda 

Performer CC

Valentina Vio 

Performer CC

Raúl Riquelme

Performer CC

Camilo Saavedra 

Docente Depto. De Teatro de la U. de Chile, DETUCH y performer CC